Javier Peña y “El tren mágico” (Premio Fundación Cuatrogatos 2017)

Si le pides a Javier Peña que te cuente algo de su vida, posiblemente te diga algo así como: “Nací en Avellaneda, Buenos Aires, el 2 de junio de 1965. Cuando terminé la escuela secundaria quería estudiar diseño gráfico, pero esa carrera aún no existía en la Universidad de Buenos Aires, así que fui a Bellas Artes y después a una escuela de diseño. Más tarde estudié Dirección de Arte en la Asociación Argentina de Agencias de Publicidad. Trabajé en editoriales: Imaginador, como ilustrador; Argentime (revistas de tenis y turismo), como programador web y luego como diseñador; en lugares de pre-impresión y gráficas. Eso me permitió conocer el proceso completo de producción: cuando hago un libro, llego hasta el pie de máquina en la imprenta”. Si te animas a pedirle más detalles, tal vez te revele algunas de sus aficiones: “Hago composición musical y participo como dirigente en un club de Futsal de AFA”. (Si no tienen idea de lo que son el futsal y AFA, como nos sucedió a nosotros, echen un vistazo aquí y aquí).

La bibliografía de este autor e ilustrador incluye títulos para niños y jóvenes como Un partido diferente (Calibroscopio, 2007), Un desastre olímpico (Calibroscopio, 2008), ¿Puede volar un cangrejo? (Océano Travesía, 2010), Los monstruos ya no asustan (Calibroscopio, 2011), La mesa está servida (Calibroscopio, 2013), La odisea de Polistes (Conaculta-Océano Travesía, 2012) y Las sombras de una nube (Editorial del Álbum, 2015).

Con El tren mágico (Calibroscopio, 2016) obtuvo el Premio Fundación Cuatrogatos 2017. Y para conocer más sobre la trayectoria de Javier Peña y la de El tren mágico, le hicimos esta entrevista:

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Con los editores de los libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2017: Jacquelina Romero (4 Islas)

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Jacquelina Romero, editora de 4 Islas.

Los libros escogen caminos a veces sorprendentes para llegar a las manos de sus lectores. Así nos sucedió con Un día perfecto, del autor e ilustrador argentino Javier Garrido, título publicado por una joven editorial de Buenos Aires de la que nunca habíamos oído hablar.

El azar nos hizo coincidir el pasado año en la Feria Internacional del Libro de Panamá con la editora y diseñadora gráfica Jacquelina Romero, quien nos explicó que “4 Islas es una editorial muy pequeña, tenemos pocos títulos”, y nos entregó Un día perfecto para que lo pusiéramos a la consideración del comité de lectura que otorga, cada año, el Premio Fundación Cuatrogatos a las mejores obras para niños y jóvenes publicadas en español por creadores iberoamericanos.

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María Cristina Ramos, ganadora del XII Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil

Maria Cristina Ramos---“Un buen libro es como un bosque. Bebe, con la raíz de sus palabras, los sueños que seres desconocidos van dejando caer sobre la tierra.”
María Cristina Ramos

La poeta y narradora argentina María Cristina Ramos (San Rafael, Mendoza, 1952) ha sido galardonada con el XII Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil. El jurado tomó la decisión por unanimidad y en su acta destacó “su aportación a la literatura de una mirada auténtica y sensible de la realidad latinoamericana” y “el cuidado en la construcción de sus textos y su profundo respeto hacia el lector, sus personajes y la realidad que recrea”.

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Gabriela Keselman: “Siento que mis lectores y yo compartimos el mismo universo”

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La escritora Gabriela Keselman nació en Buenos Aires, residió largos años en Madrid y en la actualidad vive por temporadas entre esas dos ciudades. Sus obras, dedicadas principalmente a los niños de la primera infancia, han sido traducidas al inglés, francés, portugués, gallego, euskera, vasco, catalán, coreano y otros idiomas. Su libro Cu Canguro (Editorial Norma), con ilustraciones de Nora Hilb, fue uno de los ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2015.

Gabriela contestó estas preguntas para los lectores de Cuatrogatos:

¿Cuándo y por qué comenzaste a escribir para los niños?

Escribía cuadernos llenos de historias desde que era pequeña, pero nunca había imaginado que sería escritora de literatura infantil. ¡De pequeñita quería ser empaquetadora de regalos! Cuando me fui a vivir a Madrid, trabajé en la revista Ser Padres como redactora y luego como jefa de sección durante once años. De esa experiencia, sumada a mi trabajo previo en preescolares, talleres de creatividad para niños y teatro infantil, surgió mi primer cuento que se editó en esa misma revista. Publiqué muchos cuentos allí –también uno en Caracola (versión española de Pomme d’api)– hasta que salió a la luz mi primer libro, un álbum ilustrado.

¿Cuántos libros has publicado?

Alrededor de 70, solo que algunos ya están descatalogados. Afortunadamente hay otros de largo recorrido, que se siguen reeditando después de 20 años. Y varios han sido traducidos a otros idiomas.

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Conversamos con los editores: Calibroscopio

Papa y yo, a veces shortEn esta nueva entrega de Conversando con los editores dan respuesta a nuestras preguntas Judith Wilhelm y Walter Binder, de la editorial Calibroscopio. Este sello argentino publicó el álbum Papá y yo, a veces, de María Wernicke, uno de los títulos ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2014.

¿Qué distingue a Calibroscopio? ¿Cuál es su filosofía como editorial?

Es una pregunta difícil. Porque es la pregunta que nos hacemos cada tanto nosotros mismos, cuando participamos de una feria del libro, cuando entramos a las librerías, en fin, cuando nos enfrentamos a los tantísimos libros infantiles y juveniles que se publican anualmente en Hispanoamérica y en el mundo. Por eso nos detenemos a pensar muy bien cada proyecto que encaramos. Como editores de libros ilustrados y libros álbum, y como libreros, que también somos, creemos que los libros, como objetos de arte, deben aspirar a ser vehículos de experiencias transformadoras, profundas. No en el sentido de un mensaje determinado, sino como experiencia estética, desde la pura sensibilidad. Por eso publicamos pocos libros al año, libros con los que intentamos aportar algo diferente, no repetir ni repetirnos.

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Adiós a Elsa Bornemann

Elsa BornemannSi fuera un gato / cascabelero / te maullaría / cuánto te quiero.

“Para mí, los libros son un refugio”, dijo en una oportunidad Elsa Bornemann. Y no cabe duda de que muchos niños iberoamericanos se sintieron a gusto leyendo –y habitando– los que ella publicó.

A la edad de 61 años falleció hoy viernes 14 de mayo de 2013, en la ciudad de Buenos Aires, la popular autora argentina Elsa Isabel Bornemann. Nacida el 20 de febrero de 1952 –en el barrio porteño Parque de los Patricios, hija de un relojero alemán experto en carrillones y de una maestra argentina llamada Blanca Nieves y descendiente de portugueses y españoles–, Bornemann estudió la carrera de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. “Cuando yo decía que quería escribir para los chicos, en la Facultad de Filosofía y Letras mis compañeros se burlaban”, recordó en una entrevista. “Nadie se dedicaba a eso entonces. No los voy a nombrar, pero después a algunos los encontré en editoriales dirigiendo colecciones infantiles o para adolescentes”.

Elsa ejerció como profesora en todos los niveles de enseñanza, desde el prescolar hasta el universitario. Se dio a conocer como escritora muy joven, en el año 1970, con el libro de “versicuentos” Tinke Tinke. A ese título seguirían otros muchos de narrativa y poesía para niños, que la convirtieron en una de las más prolíficas autoras de su país, entre ellos El espejo distraído (1971), Un elefante ocupa mucho espacio (1975), El libro de los chicos enamorados (1977), No somos irrompibles (1981), El niño envuelto (1981), Disparatario (1983), ¡Socorro! Doce cuentos para caerse de miedo (1988), Sol de noche (1990) y Los desmaravilladores (1991).

En otra entrevista expresó: “Si existe la literatura es porque hay una voluntad de que el trabajo con la palabra produzca algo en el otro: una sensación muy cercana a la que nos puede dar un juego. La literatura infantil tiene que estar ligada al juego, y ojalá lo estuviera la de adultos. Y refiriéndose al sentido de su trabajo creativo, añadió: “Mi función tendría que ver con una especie de vocera de la infancia. Supongo que yo no terminé de crecer, debo tener una parte de la infancia muy grande como para que, teniendo la edad que tengo, los niños sientan que estoy hablando por ellos. Aunque muy pocos me conozcan personalmente, se ve en las cartas que los chicos se sienten representados. Entonces la función sería algo así como un despertador de las conciencias adultas”.

En una oportunidad, Cuatrogatos solicitó alguna colaboración a Elsa Bornemann y, sin hacerse de rogar, ella nos envió de inmediato, para que la compartiéramos con nuestros ciberlectores, una selección de poemas, por entonces inéditos, que luego aparecerían en su libro Amorcitos Sub-14. El libro III de los chicos enamorados (2003). Pueden leer esos textos haciendo clic aquí.

Descanse en paz.

De cuando Eduardo Muñoz Bachs ilustró a Laura Devetach


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En el año 1975, el Premio Casa de las Américas incluyó por primera vez en su convocatoria la categoría de obras para niños y jóvenes. A La Habana llegaron decenas de originales y el jurado escogió como ganadoras obras como Cuentos de Guane, de Nersys Felipe (Cuba); Globito Manual y El hombre que escondió el sol y la luna, de Carlos José Reyes (Colombia); Renancó y los últimos huemules, de José Murillo y Ana María Ramb (Argentina): La línea, de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes (Argentina), y Monigote en la arena, de Laura Devetach (Argentina).

Ese mismo año, Monigote en la arena apareció publicado en la colección de premios Casa de las Américas. La edición, de gran formato y tapa dura, incluía seis relatos de Laura Devetach hoy considerados clásicos de la narrativa breve argentina: “Monigote en la arena”, “Un elefante ocupa mucho espacio”, “Historia de Ratita”, “Los picaflores de cola roja”, “El garbanzo peligroso” y “Cuento que cuento…”.

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Desde Posadas, Misiones: un homenaje a Gustavo Roldán

A modo de bienvenida
Por Rosita Escalada Salvo

–¿Se enteraron? ¿Se enteraron ya? –fue preguntando la Paloma Yerutí en vuelo rasante, por el monte.

–¿De qué? –contestó un Yacaré.

–¡Que viene ellos! ¡Que pronto estarán en la gran ciudad!

–¿Y quiénes son ellos? –bostezó un Tamanduá que avanzaba lentamente por la picada.

–Ellos, los que nos transformaron en personajes de cuentos, los que nos hacen vivir en los libros –afirmó entusiasmada la paloma.

–¿Personajes? Yo no estoy en ningún libro, aseguró la Yacutinga levantando orgullosa su cabecita–. Yo ando por donde quiero, y no quiero estar encerrada… Sigue leyendo

Un poema de José Sebastián Tallon

Compartimos con ustedes uno de los poemas del libro para niños Las torres de Nuremberg, del argentino José Sebastián Tallon, que tuvo su primera edición en Buenos Aires, en 1927. (La cubierta que encabeza este post corresponde a la edición de 1952.)

El sueño

Con ocho horas de sueño,
si vives sesenta años
te pasas veinte durmiendo.

¡Veinte años! Será bueno
que en las horas que no duermes
te cuides de estar despierto.

José Sebastián Tallon

Joyas de la biblioteca de Cuatrogatos (entrega número 5)

A mediados de los años 1960, surgió en Buenos Aires la colección infantil Cuentos de Polidoro, publicada por el Centro Editor de América Latina. En ella participaron varios ilustradores que aportaron una mirada novedosa a la ilustración para niños en Argentina. Entre ellos estaba el talentoso Ayax Barnes.

Barnes nació en Rosario, Argentina, en 1926. Comenzó a estudiar la carrera de Arquitectura, pero abandonó la universidad para dedicarse plenamente al trabajo de dibujante. Vivió largos años en Montevideo, donde trabajó como diseñador e ilustrador. Y a causa de esa larga estancia allí muchos piensan, erróneamente, que él y su esposa, la escritora Beatriz Doumerc, también argentina, son uruguayos.

En 1975, Beatriz Doumerc y Ayax Barnes ganaron el premio Casa de las Américas, en Cuba, con su libro La línea. Poco después, como consecuencia de la dictadura militar de Argentina, la pareja tuvo que exiliarse. Vivieron unos años en Italia y luego se instalaron en España.

En octubre de 1984, dieron a conocer una de sus obras de mayor encanto: Aserrín, aserrán. Un título difícil de conseguir, debido a la reducida circulación que tuvo. Fue impreso en Estocolmo, por la editorial Nordan, gracias al apoyo de la comunidad de latinoamericanos exiliados en Suecia. Sigue leyendo