Cuentos

Ilustración de Maurice Sendak.

Ilustración de Maurice Sendak.

Por Paco Abril

Pongamos que me llamo Vanesa y que tengo veintiún meses.

Deseo compartir con vosotros un reciente y fabuloso descubrimiento. Ocurrió poco antes de que mi madre me acostara para dormir. Fue en uno de esos momentos en los que me encontraba intranquila, agitada y sin sueño. Estaba iniciando una protesta por mi incomodidad, cuando mi madre acercó su cara a la mía y me susurró cariñosa: “Lo que tú necesitas para ir al país de los sueños es un cuento”.

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Yanitzia Canetti y su colección Había otra vez…

CenicientoYanitzia Canetti es una de las escritoras y traductoras hispanas del mundo de los libros para niños más conocidas de Estados Unidos. Nacida en la capital de Cuba, en 1967, y graduada de periodismo en la Universidad de La Habana, reside en Boston, Massachusetts, donde trabaja como directora editorial de Cambridge BrickHouse. 

La infatigable Yanitzia es la autora de la exitosa colección de cuentos para niños Había otra vez… Publicada por la editorial Everest, de España, la serie está conformada por ocho títulos: Blanca Nieve y los siete gigantones (ilustraciones de Anne Decis), La fea durmiente (ilustraciones de Gustavo Mazali), La peluca de Rapunzel (ilustraciones de Eva Vázquez), Ceniciento (ilustraciones de Teresa Herrero), Aladino y la lámpara espantosa (ilustraciones de Olga Mir), El patito bello (ilustraciones de Marta Costa), Pinocho no era el mentiroso (ilustraciones de Carles Arbat) y Caperucita descolorida (ilustraciones de Luisa Vera). La colección es distribuida en Estados Unidos por Lectorum Publications.

Yanitzia Canetti respondió a este cuestionario que le hizo llegar Cuatrogatos:

¿Cómo surge la idea de la colección Había otra vez…?

Surge de un ejercicio que habitualmente hacía cuando era niña, tal vez una temprana señal de mi espíritu inconforme. Tenía por costumbre cambiar los cuentos para ajustarlo a lo que me hubiera gustado que ocurriera. Cambiaba unos personajes por otros. Cambiaba el principio o, por lo general, el final. Imaginaba a esos mismos personajes en otro escenario, situación o contexto. Lo hacía con todos los cuentos, pero con los cuentos clásicos me daba banquete, porque tenían “tela por donde cortar”. Hace unos años, jugando con mis hijos como yo solía hacer de niña, comencé a hacerles otro cuento del cuento, imaginando todo al revés e imaginándolo en el mundo de hoy, con los valores de la sociedad actual. Así surgió un patito bello, una fea durmiente, un Pinocho sincero, una Blancanieves africana cuya madrastra se mira en un charco y cuyos aliados son siete gigantones, un Ceniciento que sueña con su princesa azul, un Aladino cuya lámpara es espantosa, una Rapunzel sin un pelo de tonta, una Caperucita que en vez de un bosque, cruza el desierto y en vez de un lobo, su encuentro es con un coyote. Me falta aclarar que “cualquier parecido con la realidad, no es coincidencia”.

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