“Mambrú perdió la guerra”: el nuevo libro de Irene Vasco

Irene Vasco, la autora de Conjuro y sortilegios y Paso a paso, dos de las obras más populares y valoradas de la literatura infantil y juvenil de Colombia, estrena un nuevo libro. Su más reciente título, la novela para niños Mambrú perdió la guerra, acaba de ser publicada en México por la editorial Fondo de Cultura Económica.

Cuatrogatos saluda la aparición de este valioso título, que enriquece la vertiente de la narativa infantil latinoamericana que da testimonio de conflictos sociales y políticos que forman parte, dolorosamente, de la realidad de los niños de la región.

A continuación, las preguntas de Antonio Orlando Rodríguez y la respuestas de Irene Vasco:

¿Cómo surgió este nuevo libro?

La historia de Emiliano y su perro Mambrú, aunque es pura ficción, está enmarcada en hechos reales latinoamericanos. Tú sabes que durante los años he viajado por todos los rincones de Colombia, llegando a comunidades a donde poca gente suele llegar. En cada lugar pongo atención a lo que sucede e intento armar un rompecabezas que ligue la época de la Colonia española (tema que me estudio con pasión) con los acontecimientos contemporáneos. De estos viajes nació el escenario donde se mueven mis personajes.

Por otro lado, hace un tiempo pasé varios meses reconstruyendo la historia familiar que, como bien sabes, tiene ramas europeas y latinoamericanas, judías y católicas. Se me metió en la cabeza que tenía que dejar para mis nietos unos álbumes muy organizados, con nombres, fechas, lugares y referencias, para que a su debido tiempo pudieran encontrar sus raíces. Mientras ordenaba, averiguaba, pegaba, despegaba y volvía a comenzar hasta lograr coherencia cronológica, la historia de Mambrú se iba armando dentro de mí. Pensaba en las abuelas y bisabuelas de las fotos, tan fuertes, tan llenas de vida (aunque todas estén muertas hace años), y quise reparar esa horrible imagen que los ilustradores estereotipados han creado y multiplicado. El libro está dedicado a mi mamá, Sylvia Moscovitz, como homenaje a una bisabuela que sigue dando y tomando clases como si tuviera veinte años.

Por último tengo que dar crédito a una lectura que me conmovió enormemente y de donde tomé prestado el momento más dramático del libro. The Lost, de Daniel Mendelsohn, cuenta su búsqueda personal de familiares asesinados durante la Shoah. A través de su investigación, Mendelsohn descubrió con horror cómo unos primos que intentaban salvarse de las garras de los nazis se refugiaron en una pequeñísima bodega y el niño tuvo que matar a su perro. Esa imagen tan fuerte no se me borró en meses. Imaginaba a mi propia ascendencia judía en situaciones similares. Así que también siento este préstamo como otro homenaje familiar.

¿Qué te propusiste con Mambrú perdió la guerra?

La verdad es que cuando escribo nunca me propongo nada. Las historias me dan vueltas, me atormentan, hasta que las pongo por escrito. Intento hacerlo lo mejor que puedo y busco ayuda como la tuya, la de Gloria María Rodríguez, la de María del Sol, mi hija, la de las editoras, en este caso Eliana Pasarán y Mariana Mendía, para mirar en buenos espejos y devolverme cuando es necesario.

¿Qué conexión estableces entre la novela juvenil Paso a paso, publicada hace ya 22 años, y esta nueva obra?

Cuando Paso a paso salió al mercado, en Colombia no se escribían libros para niños y jóvenes con temas tan dolorosos como el secuestro. Yo no escogí el tema. Una historia de una persona cercana me conmovió tanto que no pude dejar de escribir lo que sentía. No fue una crónica. Fue mi interpretación de los sentimientos de unas niñas que no conocía sino a través de los relatos de su madre. Me adueñé de ellas a distancia y creé mis propios personajes, situaciones y reflexiones.

En esa época, llevaba poco tiempo viviendo en Colombia y no conocía ni entendía lo que sucedía. No me interesé ni busqué. Me concentré en bucear en sentimientos más que en acciones y marcos reales. Creo que fue un interesante ejercicio de escritura de principiante.

Al escribir Mambrú perdió la guerra me sentí más fuerte como escritora, más madura. Por supuesto no dejé  de buscar en el interior del niño protagonista. Los dilemas, los sentimientos fueron muy importantes. Pero no me limité al niño. Lo puse a actuar en medio de un conflicto social que afecta a miles de personas que he conocido directamente.

Una vez más digo que las historias que me conmueven y no se me borran tienen que salir por algún lado. Podría decirse que es como un exorcismo. Ya que tantos homenajes he hecho, aquí cabe uno más. Quisiera que todas esas personas, con y sin nombre recordado, que me encontrado por los caminos de Colombia, sintieran que no pasaron de largo, que escuché con atención lo que me contaron.

¿Qué lector tenías en mente al escribirla?

Para poder contar una historia necesito que alguien me “oiga” mientras escribo. En este caso fueron mis nietos Emiliano y Jerónimo. En el colegio dirían que aún no tienen edad para leer este libro con una trama tan fuerte, pero yo creo que es mucho más fuerte y dramático lo que oyen todos los días en la televisión. Las noticias los atropellan sin que nadie se acerque a conversar sobre ellas. En el libro encuentran un interlocutor literario. Esto no quiere decir que escribí para enseñarles algo a los niños. ¡No! ¡De ninguna manera! Pero si les ayuda a aproximarse a los acontecimientos, tanto mejor.

¿Qué opinas de la gráfica que le aportó al libro Daniel Rabanal?

Daniel Rabanal ha ilustrado varios libros míos. El proyecto de La Independencia de Colombia: así fue nos acercó. Tuvimos la oportunidad de hablar de política y de historia con frecuencia. En este caso, como en los libros anteriores, siento que Daniel interpretó mi texto enriqueciéndolo con su propia visión. Para mí fue una sorpresa que las editoras de Fondo de Cultura Económica en México buscaran a Daniel Rabanal, quien actualmente vive en Argentina, para ilustrar este libro tan colombiano. ¿No crees que se logró una excelente combinación?

¿Planes?

¿Planes? ¡Hum! En este momento me preparo para salir varios meses a hacer trabajo de campo. Recorreré durante varios meses un territorio que hoy está muy convulsionado. Si lees las noticias de este país, verás lo turbulento que está el Cauca, un departamento al sur de Colombia. A lo largo de cuatro meses iré de municipio en municipio, por zonas rurales muy alejadas, visitando a madres comunitarias, entregando colecciones de libros infantiles, leyendo con los niños y capacitando a estas madres para que se conviertan en lectoras y conviertan a los niños en lectores. Ya te mandaré fotos de esta aventura maravillosa.

Espero que en las largas jornadas de carreteras destapadas, una historia que tengo en la cabeza termine de tomar forma. Ya tengo personajes, situaciones, escenarios. No he encontrado el tono. Sin este no logro escribir ni una línea. También te contaré. No creas que vas a dejar de ser mi primer espejo. Ese título te lo ganaste de por vida.

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