En busca de la infancia perdida

Por Daína Chaviano

Una de las cosas que más extraño de mi niñez es esa sensación de deslumbramiento constante que encontraba en los libros. Ya fuera poesía o narrativa, historia o biografía, esas lecturas han marcado quien soy e incluso lo que escribo. Cómo el hombre se hizo gigante, de M. Ilin y E. Segal, podría ser una de las razones que me llevaron a convertir The Origin of Consciousness in the Breakdown of the Bicameral Mind, de Julian Jaynes, en uno de mis libros de cabecera sobre la evolución del cerebro humano y su vínculo con la espiritualidad antigua.

Lecturas como Astronomía Recreativa y Física Recreativa, de Y. I. Perelman, y En el País de las Maravillas, de G. Gamow (que no era precisamente para niños, sino un libro de divulgación científica sobre la teoría de la relatividad que leí decenas de veces porque se me antojaba casi un cuento de hadas), también pudieron ser la causa de que hoy tenga un estante repleto con tomos sobre física cuántica y astrofísica que van desde el paradigmático A Brief History of Time, de Stephen W. Hawking, pasando por In Search of Schrödinger’s Cat, de John Gribbin, y llegando al polémico The Holographic Universe, de Michael Talbot.

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Joyas de la biblioteca de Cuatrogatos (entrega número 6)

¡Esto sí es una auténtica rareza! En 1990, en Bogotá, la compañía OP Gráficas publicó esta curiosa obra de Olga Cuéllar, quien actualmente es reconocida como una de las ilustradoras colombianas de más sólida y exitosa trayectoria. Se trata de Sobre lunas y brujas, un sobre de gran formato con cuatro afiches en su interior.

Los títulos de los afiches son “El sueño de la bruja”, “El coche de la bruja”, “El reloj de la luna” y “El paseo de la luna”. Aquí les mostramos este encantador material:

Confesiones de Maurice Sendak


Lo que sé
Por Maurice Sendak
Tomado de Radar, Página 12, Argentina

Yo no escribo para chicos. Yo escribo. Y alguien más dice: “Esto es para chicos”.

Nunca me propuse hacer felices a los niños. O mejorarles la vida, o hacérselas más fácil. No me gustan mucho, así como no me gustan mucho los adultos. Bueno, para ser sincero debería decir que me gustan un poco más los chicos que los adultos, porque los adultos no me gustan para nada.

Firmar ejemplares es horrible, estúpido, no significa nada. Y a mí ni siquiera me sirve para seducir a las madres bonitas de los niños lectores, porque soy gay.

El estado de la literatura infantil actual es abismal. Catastrófico. Una de las razones para que así sea es que hay demasiados libros para chicos.

Somos animales, violentos, criminales. No somos tan diferentes de los simios, esas hermosas criaturas. Y se supone que debemos ser civilizados, ir a trabajar todos los días, ser amables con nuestros amigos, enviar tarjetas de Navidad, todas esas cosas que nos perturban profundamente porque están en contra de lo que haríamos naturalmente.

Elegí un género muy modesto, la literatura infantil, y me escondí en este género para poder expresarme plenamente en él. Lo elegí por timidez y estiré sus límites todo lo posible.

No escribí Donde viven los monstruos por dinero. En los años 1950, los libros para chicos eran el último peldaño del mundo literario. No creo que Madonna hubiese escrito un libro para chicos en los 1950. Sigue leyendo

Un poema de José Sebastián Tallon

Compartimos con ustedes uno de los poemas del libro para niños Las torres de Nuremberg, del argentino José Sebastián Tallon, que tuvo su primera edición en Buenos Aires, en 1927. (La cubierta que encabeza este post corresponde a la edición de 1952.)

El sueño

Con ocho horas de sueño,
si vives sesenta años
te pasas veinte durmiendo.

¡Veinte años! Será bueno
que en las horas que no duermes
te cuides de estar despierto.

José Sebastián Tallon

Adiós al gran Maurice Sendak

El estadounidense Maurice Sendak, uno de los grandes autores e ilustradores de libros para niños de todos los tiempos, falleció en Danbury, Connecticut, a los 83 años de edad. Su libro Where the Wild Things Are, publicado por Harper & Row en 1963, lo convirtió en una referencia ineludible… y también fue objeto de encendidas polémicas entre educadores y padres. Después, dio a conocer numerosas obras, como In the Night Kitchen (1970) y Outside Over There (1981), las cuales, junto a Where the Wild Things Are, conforman una trilogía. Sigue leyendo

Salvar las bibliotecas

Reproducimos esta hermosa carta enviada por una lectora al periódico El Nuevo Herald, de Miami:

Perderíamos mucho si las bibliotecas desaparecieran físicamente. Ver los anaqueles llenos de libros, periódicos y revistas es una experiencia única. ¿Dónde más podríamos pasar por esta experiencia libre del costo de una compra? Sigue leyendo

Joyas de la biblioteca de Cuatrogatos (entrega número 5)

A mediados de los años 1960, surgió en Buenos Aires la colección infantil Cuentos de Polidoro, publicada por el Centro Editor de América Latina. En ella participaron varios ilustradores que aportaron una mirada novedosa a la ilustración para niños en Argentina. Entre ellos estaba el talentoso Ayax Barnes.

Barnes nació en Rosario, Argentina, en 1926. Comenzó a estudiar la carrera de Arquitectura, pero abandonó la universidad para dedicarse plenamente al trabajo de dibujante. Vivió largos años en Montevideo, donde trabajó como diseñador e ilustrador. Y a causa de esa larga estancia allí muchos piensan, erróneamente, que él y su esposa, la escritora Beatriz Doumerc, también argentina, son uruguayos.

En 1975, Beatriz Doumerc y Ayax Barnes ganaron el premio Casa de las Américas, en Cuba, con su libro La línea. Poco después, como consecuencia de la dictadura militar de Argentina, la pareja tuvo que exiliarse. Vivieron unos años en Italia y luego se instalaron en España.

En octubre de 1984, dieron a conocer una de sus obras de mayor encanto: Aserrín, aserrán. Un título difícil de conseguir, debido a la reducida circulación que tuvo. Fue impreso en Estocolmo, por la editorial Nordan, gracias al apoyo de la comunidad de latinoamericanos exiliados en Suecia. Sigue leyendo

Galileo y el libro donde cabe todo el mundo

“Existe una página de Galileo en la cual el científico florentino sostiene que todo el mundo puede estar contenido en un libro pequeñísimo: el alfabeto. El alfabeto es, según Galileo, la más grande invención hecha por los hombres, pues con las combinaciones de una veintena de símbolos puede darse cuenta de toda la riqueza multiforme del universo”.

Italo Calvino