Homenaje a la escritora María Elena Walsh en su cumpleaños 80

Ya puede consultarse en nuestro portal Cuatrogatos un dossier dedicado a María Elena Walsh. Con él, celebramos el cumpleaños 80 de la destacada escritora argentina (nació en Ramos Mejía, Buenos Aires, el primero de febrero de 1930) y también el 50 aniversario de la primera edición del poemario Tutú Marambá, su primer libro para niños.

En este homenaje han colaborado los siguientes creadores y estudiosos de la literatura infantil: Susana Itzcovich, María Adelia Díaz Ronner, Carlos Silveyra, Graciela Perriconi, Istvansch y Cecilia Pisos, desde Argentina; Gaby Vallejo, desde Bolivia; Irene Vasco, desde Colombia; Lara Ríos y Carlos Rubio, desde Costa Rica; Julia Calzadilla y Luis Caissés Sánchez, desde Cuba; Manuel Peña Muñoz, desde Chile; Iliana Prieto, Yanitzia Canetti, Cristina Rebull y Antonio Orlando Rodríguez, desde Estados Unidos; Martha Sastrías, desde México; Georgina Lázaro, desde Puerto Rico; Graciela Genta, desde Uruguay y Fanuel Hanán Díaz, desde Venezuela. También incluimos una entrevista realizada a María Elena por Sergio Andricaín.

Completa el dossier una muestra de las ilustraciones que realizó el dibujante y caricaturista argentino Pedro Vilar para los libros de la Walsh.

Anímense a rebuscar en el archivo de Cuatrogatos, donde podrán hallar muchos de los artículos, entrevistas, cuentos, poemas, comentarios de libros e ilustraciones que hemos publicado de enero del 2000 a la fecha.

Los libros son como espejos…


“Hay gente que cree que entiende un libro solo porque sabe leer. Ya te dije que los libros son como espejos: cada quien encuentra ahí lo que tiene en su cabeza. El problema es que solo descubres que tienes eso dentro de ti cuando lees el libro correcto. Los libros son espejos indiscretos y arriesgados: hacen que las ideas más originales salgan de tu cabeza, provocan ocurrencias que no sabías que tenías. Cuando no lees, esas ideas se quedan encerradas en tu cabeza. No sirven de nada”.

El libro salvaje
Juan Villoro (México)
(Editado por Siruela, coleccion Las tres edades, en Madrid, y por Fondo de Cultura Económica, colección A la orilla del viento, en México DF.)

Vieja literatura para niños

Por Francisco Nieva, de la Real Academia Española

Tomado de La Razón, España

Soy un viejo niño que no olvida lo que leía, o me leían, a temprana edad. Era un niño republicano, porque mi padre y un tío mío eran políticos, y la República se presentaba –en una estampa a todo color– como una señora estupenda envuelta en la bandera. La infancia está llena de cuentos, cuentos de todas clases. Y mis mejores cuentos también eran republicanos y deseo explicar por qué.

Comenzando por el principio, el escritor Antoniorrobles era un gran progresista del cuento infantil, un “moderno” que manejaba el absurdo y el surrealismo con verdadero encanto poético y que, fascinando a los niños, merecía el más alto aprecio de los mayores. Si yo conocí más tarde la literatura de Ramón Gómez de la Serna, el arte de Dalí y a Ionesco en persona, ya estaba acostumbrado por el inefable Antoniorrobles a ese mundo contemporáneo. Siempre fue aquel escritor un fiel republicano que murió muy viejo.

De lo primero que cayó en mis manos es algo que también tiene su prestigio –republicano, por supuesto–, pues eran los Cuentos de Pipo y Pipa, preciosa creación de Salvador Bartolozzi, discípulo de Toulouse Lautrec y luego ilustrador de las entregas, para el periódico El Sol, de El ruedo ibérico, de Valle Inclán, y escenógrafo de La Barraca, de García Lorca. Y hago un inciso: tuve la suerte de que me llevaran con siete años a ver una función de La Barraca en el Teatro Español de Madrid. Se representaban los entremeses de Cervantes, con decorados y figurines magníficos de mi entrañable dibujante, el inventor de Pipo y Pipa. ¡Sorpresa! Y los entremeses de Cervantes eran algo deslumbrante que influyó muy felizmente en mi sentimiento de lo teatral. Cervantes, el clásico, Lorca, director de teatro, y Bartolozzi, su escenógrafo, decidieron mi vocación. Los dos últimos eran republicanos de pro. No hay que probarlo. Eran cultísimos y sensibles, capaces de conmover profundamente la conciencia estética de un niño. Esta iniciación a la literatura infantil era inmejorable.

En segundo lugar, el marco socialmente democrático y progresista se afirmaba en los cuentos y aventuras de Guillermo, de Richmal Crompton. Esta escritora inglesa se mostraba como una ironista de la burguesía media inequívocamente británica, con la gracia –para niños– de una Jane Austen. Los padres, la hermana, los parientes, los golfos compañeros, la policía, las viejas astutas, eran prototipos, finas caricaturas que, más tarde –fíjense, qué extraño– me hicieron degustar como algo familiar e igualmente entrañable las comedias de Bernard Shaw y Oscar Wilde.

Aquel estilo estaba en el aire del tiempo. Una española muy demócrata, no sabemos si algo britanizada, Elena Fortún, siguió la misma pauta y también creó prototipos en el entorno de sus héroes, que fueron muchos: Celia, Cuchifritín, Matonkiki y sus hermanas, Celia de mayor… Toda una saga. Elena Fortún, que tiene un monumento en el Parque del Oeste, puede que a algunos niños actuales aún llegue a sugerirles algo. Pero ese “algo” lo aprecia mejor un crítico literario. Un clima más abierto y cosmopolita, crítico y pacifista a la vez, se introduce en la narrativa infantil republicana y progresista. Tiene gracia el procedente del nombre extravagante de Matonkiki: se lo sugiere una canción popular francesa de tiempos de la Exposición Universal y la sensación que causó el exótico «glamour» de las cantantes y bailarinas de Tonkin –es como un pájaro que canta, “ma tonkiki, ma tonkiki, mi tonkinoise esa…”. Fortún era muy graciosa y elegante escribiendo. Yo la imagino como una figura femenina pintada por Tamara de Lempicka.

Sólo quiero manifestar que, desde el punto de vista estético y literario, la modernidad sorprendente, iniciática, aperturista y pacifista campea mucho más en estos relatos que en los de la actual literatura infantil, algunos de los cuales son francamente nazis e imperialistas. ¿Qué influencia, americana o china –más que europea– ha hecho posible esa inflexión violenta y sojuzgadora victoriosa de la literatura infantil? Aún remachada por los juegos electrónicos. Puede que los futuros niños sean de temer, por listos y malévolos. La estampa casi satánica de Spiderman es un testimonio desconcertante y paradójico.

Un poema para empezar el año

Canción de enero

Por la calzada
camina enero:
zapatos blancos,
sombrero negro.

Sombrero negro,
zapatos blancos,
por la calzada
viene cantando:

Yo soy enero,
el mes primero
y el año empieza
cuando yo llego
con mis zapatos
y mi sombrero,
¡yo soy enero!

Alegre y triste,
triste y contento
por la calzada
camina enero.

David Chericián (Cuba)
Tomado de Caminito del monte, Gente Nueva, La Habana, 1980.