Un catálogo de Artistas insólitos


La editorial española La Galera publicó recientemente el libro álbum titulado Artistas insólitos, creado por Daniel Monedero y Óscar T. Pérez. Se trata de un catálogo de pintores imaginarios y extravantes, que incluye desde el pintor del humo hasta el pintor de sueños y el pintor del instante.

Artistas insólitos es un libro y es el final de un largo proceso de investigación”, comentan Monedero y Pérez sobre este original proyecto. “Durante años, los autores de este libro han ido recogiendo la información para elaborar este trabajo sobre los citados artistas. Artistas que la historia ha olvidado y que ellos han rescatado para recogerlos en este libro ilustrado. No son todos los que son, pero son todos los que están. Y están todos los que formaron parte de la insólita exposición que han podido contemplar en el video, retrospectiva que durante un año ha estado en los museos más importantes del mundo. Por eso decimos que es un libro, es un catálogo y es mucho más”.

Más detalles sobre la obra en este video promocional:

¡Horror! Sarah Palin heroína de un libro infantil


Sarah Palin, la ex candidata presidencial del Partido Republicano durante las últimas elecciones de Estados Unidos, es la heroína del nuevo picture book titulado Help! Mom! Radicals Are Ruining My Country! En la obra, escrita por Katharine DeBrecht (al parecer, una gran admiradora de la Palin), la “Gobernadora Sarah” consuela a dos personajes infantiles que ven frustrados sus sueños empresariales y les explica: “Estos radicales están matando el Sueño Americano”.

Según declaraciones de la autora, su propósito al crear este libro fue que los radicales “dejen de hacer daño a los que producen productos y generan empleos”. El villano de su historia, cabecilla de los peligrosos radicales, no es otro que Marxus Obunduf, una clara representación del presidente Obama. En el cuento, el personaje de Palin consuela a dos niños frustrados después de que su negocio de venta de limonada es destruido por Marxus Obunduf.

“Usé a Palin porque quería señalar que no hay nada de malo en defender los valores, independientemente de que te ataquen”, dijo DeBrecht a Foxnews.com. “El libro también muestra que Marxus y sus radicales están, básicamente, matando el sueño americano en su ocupación del poder. Quiero decirles a los niños que pueden alcanzar sus sueños trabajando duro y no depender del gobierno para que los ayude”.

La autora ya había publicado antes Help, Mom! There are Liberals Under My Bed! , otra diatriba contra Obama y sus partidarios. Esta es su secuela.

Sin comentarios.

Media Vaca recupera a Madame Leonarda


La editorial española Media Vaca invita a la presentación de su nuevo libro Madame Leonarda, de Artur Heras, que se realizará el próximo lunes 14 de diciembre de 2009, a las 19,30 horas, en el Salón de Actos del Colegio Mayor Rector Peset de Valencia, Plaça del Forn de Sant Nicolau, 4.

Participarán en el acto Artur Heras, autor de la obra; el ilustrador Miguel Calatayud; el periodista Manolo S. Jardi y Vicente Ferrer y Begoña Lobo, editores de Media Vaca.

El viernes 18 tendrá lugar otra presentación, en Xativa, a las 19,30 horas, en el Salón de Actos de la Casa de Cultura de Xàtiva, Carrer Montcada, 7. Además deñ autor y los editores, participarán Ximo Corts, presidente de Amics de la Costera, y el escritor Antoni Martínez i Revert.

Madame Leonarda forma parte de la colección Grandes y pequeños.

En el principio era la gallina fue el título del libro de dibujos de humor que publicó Insel Verlag de Francfurt en 1976. Ahora, treinta años después, Media Vaca ha producido una edición actualizada respetando el formato original en que fueron concebidos los dibujos. El libro presenta diversas historias de la protagonista, mitad gallina mitad monja, quien con una complicidad filosófica y naif, transita por el mundo de los descubrimientos. Leonarda, así se llama el personaje, admira a su tocayo de Vinci en quien ve un maestro insuperable y bastante insoportable por su célebre máxima: “Penoso es el discípulo que no supera a su maestro”.

El placer del reencuentro


Qué delicia reencontrarse con un libro que disfrutamos cuando éramos niños. Hace unas semanas, revivimos ese placer al recuperar nuestro antiguo ejemplar de Dos niños en la Cuba colonial, la obra de Renée Méndez Capote publicada en febrero de 1966, en La Habana, por Editora Juvenil. El lomo está bastante estropeado, pero la tapa dura conserva intactos sus colores. El texto sigue teniendo mucho encanto, al igual que las ilustraciones del pintor cubano Pepe Ramírez.

Obra de Eddy Díaz Souza en la revista Ollantay


Ollantay Theater Magazine, la revista sobre teatro latino que se publica en Nueva York, ha incluido en su más reciente edición (correspondiente al Volumen XVI, números 31-32) la obra de teatro para niños El Príncipe y el mar, de Eddy Díaz Souza, autor cubano residente en Estados Unidos.

A continuación reproducimos el estudio introductorio sobre la obra, firmado por Luis F. González-Cruz, doctor en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Pittsburgh y profesor Emérito de Penn State University:

Sobre El Príncipe y el mar

Mariano, el príncipe, es el personaje central de esta obra; el mar, el motor que impulsa y motiva al primero. Casi desde el comienzo comprendemos que el príncipe no es tal cosa, y, al final, que el mar es un elemento inalcanzable, lo cual nos lleva a la conclusión de que la creación se mueve en planos de imaginarias presencias escénicas que existen tan sólo en la fantasía de los propios personajes, por buscar un modo llano de explicar la compleja naturaleza de la pieza. La madre, Petra, imagina ser la reina de un país fantástico; el padre, Eutimio, imagina ser el rey. Mariano, el hijo de ambos, habrá de ser, consecuentemente, el príncipe, pero él es un niño asmático que se convierte en el centro y motivo de todas las acciones, preocupaciones y terrores del rey y la reina. La abuela, Ángela, quien viene del mundo exterior, aparece en la segunda escena y es el ente que amenaza destruir el equilibrio del ficticio orbe que los padres han ideado para la protección (desmesurada y enfermiza) del hijo. Es la abuela, precisamente, la que introduce la noción del mar como algo maravilloso que puede dar al chico paz y felicidad. Pero en la mente de los padres, que buscan cualquier pretexto, por absurdo que parezca, para que el príncipe no abandone su encierro, aún la proximidad del mar (algo de afuera) se torna nocivo. Cuando la abuela y el niño insisten en que los dejen ir a la casita junto a la playa que ella ha alquilado para pasar una temporada, Petra replica: “Quisiera complacerte, Mariano, qué más quisiera yo; pero tu abuela es la personificación del descuido y el mar es muy peligroso. Al menor desliz, te arrastra una ola y ella ni se da por enterada”. Y luego: “¡No insistas, mamá! Los pulmones de Mariano no resistirían el aire del mar”, cuando es bien sabido que los aires marinos, libres de polen, tienen efectos curativos para muchos asmáticos cuyo mal se agrava tierra adentro.

Al niño se le convence a partir de amenazas; en el mundo que los padres han fundado rigen los chantajes, las intimidaciones y el miedo. Petra, cuando no puede salirse con sus deseos, amenaza a los otros con morirse. Eutimio y ella se hacen reproches: él le dice: “El niño no come porque no sabes cocinar”; y ella a él: “El niño se aburre porque no sabes jugar”. En un momento deciden navegar y la cama se convierte en navío; en dicha embarcación ilusoria, el pánico de los padres domina la travesía, y por miedo de que al niño le ocurra algo, no lo dejan ni pescar (porque podría ensartar un tiburón), ni darse un chapuzón (porque el agua está fría), ni mojarse los pies (porque le dará gripe), ni siquiera jugar con la espuma (porque tiene bacterias). Cuando aparece un barco pirata, Petra se muere del miedo. Cuando el teléfono suena a una hora poco común, a Petra le da miedo. Cuando Ángela comienza su historia en la escena final y se ve interrumpida, antes de continuar, Petra dice: “El suspenso me causa terror”. Hay, también, alguien a quien se llama simplemente “el culpable”, que los espanta y se le tilda de “ladrón, vampiro, mentiroso y traga-sueños”. En el cuento que hace la abuela, el príncipe de la historia muere, y Mariano al oírlo confiesa: “Tuve un poco de miedo, es todo”. En este verdadero reino de terror, el niño, contagiado por el pánico circundante, llega a experimentar el miedo que ha ido aprendiendo de los mayores. Por otra parte, puesto que los niños imitan a los padres, se ha de suponer que las enseñanzas de ellos lo convertirán en un ser semejante, a menos que logre alejarse de allí. Y esto es, precisamente, lo que ocurre. La mano del autor, como veremos, pone sabio remedio a esta situación (sabio, porque se atiene a las reglas de la gran fantasía que maneja y el final queda perfectamente justificado por su coherencia en los hermosos cuadros plásticos con que concluye la pieza).

Mariano reacciona y trata de escapar del mundo absurdo que han creado Petra y Eutimio. En este juego que presenciamos, ideado por los padres, la antagónica abuela se convierte en el medio o instrumento que le permitiría al niño alcanzar otra realidad menos opresiva. Mariano, después de tomar a la fuerza dos cucharadas de sopa, cuando Petra dice “El rey y la reina buscarán al culpable”, le pregunta a su madre: “¿Otra vez?” Ella afirma que es necesario y el niño, harto de la repetición interminable de lo que allí ocurre exclama: “Todos los días es igual. Ese juego ya me aburre”, de modo que todos saben que están jugando, aunque el juego para los padres es una opción y para el hijo una obligación que tiene que sufrir día tras día, hora tras hora. La abuela es, pues, para él, la única esperanza de salir de allí, de encontrar el mar, que se hace símbolo de libertad. La abuela representa, en fin, el vínculo con una realidad externa, tal vez utópica, que nada tiene que ver con el juego y que le permitiría a Mariano desarrollarse fuera de éste con normalidad.

Lo que caracteriza esta obra es su auténtico monismo lúdico; en ella la única realidad fundamental (carente de pluralismos) es el Juego (con mayúscula). A esto habrá que añadir otros niveles metalúdicos, que sobrepasan el juego básico y se entrecruzan. De tal manera, no sólo Petra, Eutimio y Mariano son la reina, el rey y el príncipe en el plano más obvio o directo de este juego (perdónesenos la repetición inevitable de este término), sino que encuentran otro hábitat (igualmente irreal y juguetón) en el universo de los títeres (manipulados por Petra, Eutimio y Ángela) que hacen su aparición en la escena IV. Las marionetas ilustran la historia que se va contando hasta que en ella el príncipe muere. Es tal vez este final catastrófico o el miedo de que la historia de los títeres sea profética y su hijo también muera, lo que logra mover las voluntades de los padres y hace que Petra le dé a Mariano las llaves que abren los candados de la puerta que los encierra a todos. Es también ella la que hace la insólita proposición que el niño escucha incrédulo: “Mañana mismo nos vamos a la playa”. No obstante, la fantasía ha de dominar siempre, a fin de cuentas, en esta creación. Una niña desconocida aparece al final y acompaña a Mariano en su exploración marina entre las olas, símbolo de la liberación del niño. Independiente de sus padres, Mariano va a ser acogido por un mundo en que los mayores no tienen cabida, puesto que no han sabido ganarse la confianza y el amor que con sus despropósitos han malogrado. A manera de contrapunto, la abuela representa el polo opuesto de lo que personifican los padres.

Nótese que la obra tiene abundantes elementos del absurdo, tanto en su diálogo, como en la visión repetitiva del juego. Influido, sin duda, por el teatro infantil que tanto ha interesado a Díaz Souza (recuérdese su fundación de la revista CentroMolinos, dedicada al género), el autor ha empleado técnicas —entre ellas el uso de títeres— que, a primera vista, podrían hacer creer que el drama ha sido pensado en función de una audiencia menuda, pero no es así. Lo que encontramos aquí es teatro reflexivo (aunque eminentemente ameno, a ratos poético y de gran riqueza visual) sin intención aleccionadora; si hay alguna lección no es ciertamente para los niños, sino para los padres. Los horrores del medio que rodea al príncipe, mostrados en la obra, sólo lograrían atemorizar a una audiencia infantil y darle un mal ejemplo. Lo que aprendería el niño espectador en esta representación es que lo aceptable y común para conseguir en la vida lo que uno se propone son las amenazas, los chantajes, las intimidaciones, el engaño y el miedo constante a que nos hemos referido. Por último, se debe destacar que más que simple “teatro dentro del teatro”, este drama es una inteligente mise en abîme, en la cual se pasa del primer nivel de la representación (o tal vez segundo, porque los personajes, de entrada, están actuando sus papeles y dependiendo del libreto) al otro esencial de realidad dramática (el juego), de éste a otro (los títeres), para escalar entonces otro más distante aún (la historia que a través de los títeres se cuenta); finalmente, se propone un nivel ulterior que queda abierto a la imaginación: el del niño que cruza las fronteras de su última realidad para perderse en el mundo de los sueños sin frontera. Dicha multiplicidad de planos, que a cada instante ofrece una nueva sorpresa, enriquece esta original obra y amplía, sin duda, la experiencia del espectador o del lector.